No todo problema de desempeño es un problema de capacidad.
Hace poco, una conversación de coaching comenzó con una pregunta bastante concreta:
¿Qué tengo que mejorar para alcanzar los objetivos de este rol?
Había compromiso. Había capacidad. Y había cada vez más esfuerzo y más horas.
Pero la conversación empezó a cambiar.
Dejó de ser solamente:
¿Qué más tengo que hacer?
Y apareció otra pregunta:
¿El problema es realmente mi capacidad o estoy intentando cumplir con expectativas que están comprometiendo mi bienestar?
Ahí cambió el foco.
De demostrar capacidad a revisar qué estaba intentando sostener.
De exigirse más a empezar a escucharse.
De querer adaptarse a preguntarse a qué costo.
Porque desarrollarnos profesionalmente también implica aprender a distinguir cuándo necesitamos mejorar nosotros y cuándo necesitamos revisar las condiciones en las que estamos intentando rendir.
¿Cuántas veces intentamos mejorar nuestro desempeño cuando, en realidad, la pregunta que necesitamos hacernos es otra?