Queremos personas que decidan. Pero muchas veces seguimos decidiendo por ellas.

Y, del otro lado, hay profesionales que esperan sentirse completamente preparados antes de asumir más autonomía.

Lo veo seguido trabajando con líderes y equipos: líderes que no terminan de soltar decisiones porque temen el error; y profesionales que no las toman porque creen que todavía les falta experiencia.

"Todavía no conozco lo suficiente."

"Todavía no estoy listo para un rol con mayor responsabilidad."

Pero tal vez no les falte experiencia en el trabajo.

Tal vez les falte experiencia decidiendo.

Porque conocer profundamente una tarea no es lo mismo que ocupar un rol en el que hay que buscar información, evaluar alternativas, elegir y revisar después qué pasó.

La autonomía no se desarrolla antes de decidir. Se desarrolla decidiendo.

Con criterios compartidos.

Con conversaciones.

Con prueba y error.

Y con la posibilidad de equivocarse sin que cada error se convierta en una sentencia sobre la capacidad de la persona.

El problema no está de un solo lado.

Hay líderes que necesitan habilitar decisiones reales. Y profesionales que necesitan dejar de esperar sentirse preparados para empezar a tomarlas.

¿Qué cuesta más en tu organización: soltar decisiones o animarse a tomarlas?